
Son las sombras quienes abrigan el tiempo pasado y me afano en encontrarlas mientras las calles en Agosto yacen en estado comatoso atacadas por el impasible calor del verano. Horas de siesta donde sólo algún leve ronquido se aprecia tras las persianas echadas como escudo defensivo. Ni los lagartos se atreven, ni las camufladas salamanquesas raparecen sobre las paredes enyesadas, cobijadas entre alguna grieta aguardando el respiro del atardecer... La llegada de la sombra suave que trae la brisa serrana.
